De Carreras (61 articulo/s)

Noviembre 2004 - Una aventura africana

La desert Cup, mi primera ultra y mi primer fracaso.
En una carrera de ultradistancia hay que ir tranquilo y con el corazón dispuesto...yo no iba asi.

Por: Carlos Ultrarun

Una aventura africana Es muy fácil resumir en pocas líneas la primera Desert Cup en Mali: 186 kilómetros en autosuficiencia alimentaria y con un límite de tiempo de 62 horas, a 50 grados. Es mucho más difícil prepararla y correrla, o por lo menos intentarlo, aunque desde luego es una maravillosa experiencia. Tras un larguísimo vuelo desde París con el resto de los 157 participantes, el primer contacto con tierras africanas es todo un choque de culturas para todos los que no han viajado a este continente. Un traslado al campamento de salida en todoterrenos desde el aeropuerto de Mopti nos termina de machacar el cuerpo y nos deja listos para… dormir. El primer amanecer, completamente mágico en los pies de la Falaise de Bandiagara, nos adelanta la increíble naturaleza que será una constante a lo largo de toda la carrera y, poco después del desayuno, comienzan las verificaciones técnicas. La carrera es en "autosuficiencia alimentaria"… tremendas palabras que implican que cada gramo debe ser estudiado para no cargar con demasiado peso. Además, hay que llevar el equipo mínimo obligatorio que ronda los 2 kilos, más la bengala de emergencia y las luces químicas para las noches. La diana a las 6:00 nos coge a casi todos ya levantados y preparando el equipo, de forma que a las 7:00, hora prevista para la salida, estamos como tigres dando vueltas por el arco hinchable para aplacar los nervios. La luz del sol y la arena dorada hacen que este momento se quede en la memoria de todos a pesar del frenético ritmo que la excitación del comienzo de la carrera impone. La cordura vuelve poco a poco y cada uno va imponiendo la velocidad que considera oportuna para lentamente ir entrando en carrera, una mezcla de trote largo y caminar apresurado. El terreno cambia entre rocas y tierra, aunque la mayor parte es una pista con arena sumamente blanda que hace que el avance sea lento y muy cansado. El intenso calor que ya probamos el día anterior se hace más notable a lo largo del día y penaliza el avance de forma rotunda, llegamos ante el asombro de todos hasta los 43º a eso de las 10 de la mañana. En cuanto se pasa el segundo CP, (Control de Paso), km.25, afrontamos la primera escalada de los acantilados, lo cual contrasta con el camino más o menos llano seguido hasta entonces; las pulsaciones suben y, gracias a Dios, el calor afloja. Con el retorno al valle, llegamos al CP 3 y rápidamente a la segunda subida de la carrera, la montaña sagrada de los Dogón, que nos sorprende con un estrecho sendero muy escarpado que tenemos que trepar con ayuda de cuerdas. La vista de la sabana desde la cima es espectacular y, desde luego, merece la pena cada kilómetro recorrido, aunque el intenso calor está haciendo mella en todos y el descenso, de noche, se hace penosamente largo. CP 4 - Km 45, después de un reparador descanso y 100 gramos de jamón serrano de Sánchez Alcaraz, continuamos ya de noche y con la luz química encendida; la luna casi llena nos ilumina suavemente el camino. La suave temperatura hace que nos olvidemos de las penalidades anteriores. ¡Estamos disfrutando de verdad! El camino se hace sinuoso y complicado de encontrar y hay que seguir las luces como migas de pan; cualquier despiste es fatal y finalmente ocurre lo imprevisto. Un error en un cruce hace que nos encontremos perdidos en medio de la sabana africana sin referencias para continuar. Después de muchas vueltas buscando la baliza, decidimos desandar el camino, sabia decisión, aunque esto motiva la llegada fuera de hora al control, y por tanto la eliminación. Pasamos la noche en el CP 6 kilómetro 72. La carrera, no obstante, continúa y el calor aumenta de manera desproporcionada. El siguiente punto crítico es atravesar el mar de dunas del CP 7 al 9, eso es un auténtico horno donde se alcanzan los 50 grados. Nunca, en la historia de esta carrera, se había vivido una situación semejante, las bajas, que normalmente rondan el 10% superaban ampliamente esa cifra. En este momento valorábamos el esfuerzo que los participantes aún en carrera hacían para seguir adelante, atravesando a pie el infierno de arena roja que nos rodeaba. Una vez superado el último escollo de las dunas, una infinita llanura de sabana se convertía en la última barrera, sobre todo mental, que superar para llegar a la ansiada meta. El ganador absoluto, como viene siendo habitual en las anteriores ediciones, fue un italiano de 55 años, Marco Olmo, venció con un increíble tiempo de 21 horas, y 46 minutos, a una media de 8,22 km/h, mas o menos el tiempo que yo tardé en recorrer unos 100 kilómetros y Jordi Nou, quedó el mejor clasificado español, alcanzando la décima plaza con un tiempo de 32 horas y 5 minutos, 5,58 km/h. El último clasificado, italiano, tardó 60 horas y 24 minutos con una media de 2,96 km/h. El número de bajas total según la clasificación general fue de 54 personas, más de un 34 % de los participantes y a todas luces un indicativo de la dureza de la prueba. Según decían por ahí, hay una característica común a todos los que vienen año tras año a esta prueba: deben tener… mala memoria, y yo, prácticamente no tengo nada.

***Publicado en: Runnner's World