De Carreras (60 articulo/s)

Junio 2005 - LA DIAGONAL DE LOS LOCOS

La Diagonal de los locos lleva mas de 20 ediciones, y que lleve tantas, ya es una pista de lo maravillosa que puede ser una carrera en donde se sufre tanto.

Por: Carlos Ultrarun

La Diagonal de los locos A la organización le gusta alardear de que es la carrera más dura del mundo y la verdad es que después de haberla corrido, no puedo estar más de acuerdo. 140 kilómetros en una sola etapa con 16.000 metros de desnivel acumulado, garantizan el sufrimiento más absoluto, tanto físico como mental y ponen a prueba cualquier entrenamiento. Durante algo más de 43 horas he tenido el placer de formar parte de los 2.050 locos que tomaron la salida de la duodécima edición de esta carrera extrema. Hace mucho tiempo que cambié el asfalto por la montaña para correr y con esta ultima muesca al revolver creo que he superado todos los límites. Es difícil relatar la experiencia en unas pocas líneas pero merece la pena intentarlo. La isla de Reunión es un territorio francés de ultramar, se encuentra a unos 700 Km. al este de Madagascar y forma parte con Mauricio y Rodríguez de las islas Mascareñas, es un lugar insólito e inclasificable que cuenta con las mayores cumbres del Océano Índico y no es conocida en el mundo por sus playas, sino precisamente por sus montañas, por su volcán activo, el Piton de la Fournaise, y por sus profundos acantilados. En esta pequeña isla se desarrolla desde hace 12 años lo que se bautizo como “la diagonal de los locos”, la carrera más increíble y descabellada en la que he tenido el placer de participar. Los habitantes de Reunión participan en masa en este evento, o como competidores o como voluntarios o como público apoyando a todos y cada uno de los corredores. A pesar de ser una carrera de extrema dificultad, para los habitantes de la isla se debe realizar un sorteo, ya que el número de inscritos supera el aforo de la organización. Normalmente, los inscritos en una carrera de estas características no supera nunca el millar, pero sorprendentemente en esta ocasión son casi 3.000 almas los que año tras año se enfrentan a las penurias del recorrido seleccionado por la organización, entre los participantes en el Grand Raid y los que se “conforman” con correr solo 70 Km. del Semi Raid. La organización, sumamente francesa, recibe a los de fuera de la isla en el propio aeropuerto y nos cita para la recogida del dorsal, en el estadio de La Redoute, lugar emblemático de la capital, Saint Denis y que se convertirá en una obsesión durante no pocos kilómetros. La circunstancia, un poco inexplicable, de entregar a todos los participantes el incomodo-aunque-practico dorsal y la bolsa del corredor, no especialmente generosa por cierto, el mismo día y a al misma hora hace que este tramite se supere con algún problema de aglomeraciones aunque la proximidad de la carrera y el ambiente cordial que se respira facilita el tramite. Ya no queda más que hacer sino esperar la salida, dos días después, a las 4 de la mañana. Al día siguiente, con un breve paseo por la capital, intentamos tranquilizar los nervios que se van apoderando de todos, pero es el momento de las dudas… ¿me sobra algo de lo que llevo???? o peor aun, ¿Se me habrá olvidado algo fundamental?? La carrera es según el reglamento, de autosuficiencia alimentaria, aunque existen innumerables puestos de avituallamiento descritos en la parte de atrás del dorsal con comida suficiente para que solo sea necesario llevar una pequeña cantidad para casos de emergencia. El reglamento contempla algunas pocas cosas obligatorias que no pesan mucho y que se controla en varios puntos que efectivamente se llevan encima, por lo que con una pequeña mochila de unos 2 o 3 kilos se carga con todo el equipo necesario. Además la organización pone a disposición de los corredores, un servicio de transporte de bolsas con equipo personal a 4 puntos de la carrera, por lo que preparando unos sacos con el nombre y donde deben ser entregados, uno puede encontrarse con una buenísima sorpresa en el momento mas critico de la carrera, sin necesidad de cargar con ello…una simple camiseta seca de repuesto en determinado momento puede valer mas que el oro… Se hace deprisa de noche y después de una breve siesta forzada y una cena en el hotel nos dirigimos al punto de encuentro de los autocares que nos llevan a la salida. El estadio de “La Redoute”, punto de llegada, esta en el Nor-oeste de la isla y la salida, Cap Merchant, se encuentra al Sur-este, por lo que un trayecto de una hora y media de autobús se hace inevitable. Intentamos dormitar un poco, aunque los nervios de la carrera hacen que sea un tenso silencio lo que se respira en la cabina. El ambiente de Saint Phillippe – Cap Merchant es algo más bullicioso, todos los corredores vamos llegando con nuestros equipos y las bolsas de avituallamiento personal y después del primer control del material obligatorio, que no el único, nos ofrecen el desayuno. Con casi dos horas que esperar hay que hacer algo… Despacio…muy despacio se va acercando la hora de salida, tumbados como estábamos en el césped, todos estamos ya de pie…cambiando el peso de un pie a otro y lanzando nerviosas miradas en todas direcciones, haciendo los últimos ajustes al equipo y comprobando las pilas de las linternas… Por fin, a las 4:00 en punto, con la adrenalina a tope, 2.050 corredores salimos en tromba intentando encontrar nuestro ritmo. La imagen de miles de frontales encendidos corriendo por un camino entre cañas de azúcar de mas dos metros de alto y un cielo cuajado de estrellas como techo la tendré siempre en mi memoria como una de las mas maravillosas que recuerdo, aunque no la única que me ofrecerá esta carrera. La salida se realiza a nivel prácticamente del mar y en poco más de 20 kilómetros hay que subir a más de 2.200 metros, inicialmente vamos por un camino ancho y sinuoso con una leve pendiente aunque enseguida, pasado el primer control, la ruta se vuelve estrecha, llena de barro y con una pendiente infernal y atravesamos una autentica selva tropical. Al ser el inicio de la carrera todavía vamos relativamente juntos y se comienzan a producir aglomeraciones en algunos pasos casi de escalada que por un lado permiten tomar un respiro. Los adelantos en esta parte de la carrera son los mas peligrosos porque las fuerzas todavía nos pueden jugar una mala pasada intentando un ritmo superior al que podamos mantener. Completamente lleno de barro, llego por fin al siguiente control, Foc-foc, con la sensación de tener un pulmón asomando por la boca aunque el paisaje lunar con el que me encuentro casi de golpe hace que me recupere rápido. Acabamos de llegar a la zona volcánica de la isla, de las selvas de Borneo pasamos a correr por Marte en cuestión de 2 kilómetros. Estamos a 2.400 metros y la zona relativamente llana se agradece. El sendero paralelo al cráter del “Piton de la Fournaise”, el volcán activo de la isla es impresionante, una serpiente interminable de corredores se mueve a lo largo del desfiladero de rocas volcánicas y un polvo de color marrón que lo cubre todo. Son las 10:36 y llevo 30 kilómetros al llegar al siguiente avituallamiento, cercano al parking de los que visitan el volcán en coche y empieza a hacerse patente la hospitalidad de los locales. El dorsal de la carrera lleva el nombre en letras grandes y el público te anima leyéndolo, con la lógica sorpresa inicial por mi parte…. ¡Courage Carlos!!!! Acabada la zona del volcán, cambia de nuevo el paisaje y volvemos a la montaña. Como nos vamos adentrando en el centro de la isla, la temperatura va bajando y solo el hecho de estar en continuo movimiento nos mantiene calientes. La montaña va dejando paso a unas suaves laderas verdes con vacas pastando…de repente estamos corriendo en medio de Irlanda!!!!. Esta es una zona rompepiernas, con subidas y bajadas constantes, y cambios de superficie del terreno hace que resulte agotadora. Gracias a Dios, a las 2 de la tarde llego a Mare a Boue, el primer punto de control “especial” donde he enviado una bolsa con algo de ropa seca y el arma secreta del corredor de ultrafondo…el jamón serrano. Un cambio de ropa, 100 gr. de jamón del bueno de mi amigo Luis y comida en abundancia en el fantástico avituallamiento hacen que vea con otra cara la subida a Kerveguen, un ascenso de mas de 1.000 metros por un camino embarrado, lleno de rocas. Cada porción de energía repuesta la gasto de nuevo en lo que se convierte casi en una escalada y el posterior descenso vertiginoso a Cilaos, la ansiada meta, y digo meta no porque se acabe aquí sino porque me había prometido un pequeño descanso y ¡vive Dios! que me hacia falta. Todas las articulaciones, y sobre todo las rodillas me dolían horriblemente, llevaba 67 kilómetros y 18 horas de carrera ininterrumpida y eran las 8 de la noche. Después de comer algo me acosté en unos camastros del ejercito y en lo que para mi era un lecho de un hotel de 5 estrellas reposé, mas que dormí, una hora y media, en vez de las tres que yo quería porque la organización, en una de las pocas cosas que no me gustaron tenia racionado el descanso….??? Con un muy mal despertar, aunque sorprendentemente descansado, y después de abrigarme hasta las cejas para combatir el extremo frío nocturno de las montañas emprendí camino hacia el Col Taïbit, un impresionante pico de 2.080 metros que me obligaba a subir unos 1.300 metros desde donde estaba. La escalada, teniendo en cuenta los precipicios que se abrían al lado del camino, casi me alegré de hacerla de noche ya que con el vértigo que tengo que llevar conmigo a todas partes lo hubiese pasado mal. El siguiente punto de paso, Marla a las 2:30 de la mañana era una especie de polo norte en versión local…nunca he entendido como es posible que hiciese tanto frío en una isla tropical!!! Todos estábamos abrigados con todo lo que teníamos intentando no pasar demasiado frío, aunque no me sorprendió ver algunos que completamente extenuados se rendían a Morfeo a pesar de las bajísimas temperaturas. Junto a un inesperado compañero de viaje, un parisino llamado Laurent, que decidió, para suerte de los dos, venir conmigo desde que salimos a la vez de Cilaos, continuamos camino lento pero seguro, avanzando sin descanso en la noche más cerrada entrando en el circo de Mafate, una de las zonas más salvajes de la isla. El circo de Mafate es un valle que no tiene carreteras de acceso, los pocos habitantes se afanan por sobrevivir con ayuda de algún helicóptero que les suministra los víveres, o recogiéndolos ellos a pie. La mayoría del recorrido por Mafate lo hicimos de noche aunque el amanecer entre esas montañas es algo difícil de olvidar. Cortados vertiginosos y un camino de locos con una caída vertical en uno u otro lado hacía agradecer al cielo que el camino no estuviese embarrado. Fuimos descendiendo bastante deprisa por los verticales acantilados hasta encontrarnos con un sendero, que paralelo al río “Galets”, nos condujo a Deux Bras, el penúltimo punto clave de descanso. La llegada la hice a las 11:16 de la mañana del sábado, llevaba 31 horas y 16 minutos en carrera y se notaba cada minuto en las piernas. Decidí tomarme con calma el descanso y me propuse aprovechar al máximo cada minuto parado. Una comida, un masaje, un cambio de ropa y más jamón serrano de Sánchez Alcaraz, aunque no en ese orden fueron decisivos para que una hora y media después saliese dispuesto a acabar la carrera con las pilas cargadas. La siguiente sorpresa que me esperaba era otra cuesta, aunque esta “solo” de 900 metros, para llegar a Dos d´ane, una preciosa localidad aparentemente muy cercana a la llegada. La visión del mar a los lejos en el ascenso al control calentaba las piernas de forma que era como una inyección de adrenalina que me empujaba a seguir. La cabeza me decía que aun quedaban 30 kilómetros pero el corazón bombeaba sangre a las piernas para que corriesen solas. La subida al siguiente pico, el Piton Bazard de 1.400 m. la hice casi corriendo y sabiendo que era casi la ultima gran subida los ánimos crecían y la velocidad de carrera se aumentaba. Un largísimo recorrido de 13 kilómetros por la reserva natural de “La Roche Ecrite” con un bosque tropical absolutamente increíble y una bajada por un cerrado bosque de pinos poco después me permitieron alcanzar a las 21:25 el punto de control de “Colorado” donde un voluntario sonriendo me dijo: -“Animo, en hora y media has llegado”….. Me le quede mirando a la cara y de repente me di cuenta que casi había terminado, después de mas de 41 horas de carrera el cuerpo esta sometido a un cansancio tal que hay una especie de “mecanismo automático de movimiento”, no sabes como pero te desplazas. Muchos de tus movimientos no son conscientes pero avanzas, vas devorando kilómetros y de repente alguien te dice…”te queda hora y media”… Fue como salir de un sueño, la hora y media mas rápida de mi vida, al salir del control te encuentras en un estrecho camino, para variar, que al poco rato se abre dejando todo St Denis a tus pies. El codiciado estadio de La Redoute se encuentra a pocos metros por debajo y aunque dan ganas de saltar, no queda más remedio que dar unas interminables revueltas por la ladera hasta que sin darte cuenta estas en la carretera. Allí se te eriza el pelo, miles de Reunioneses están animando, parece como si pudieses dejar de correr y sus voces te llevarían solas. El cariño que destilan sus gritos de apoyo te empujan los últimos metros y sin querer te ves tele transportado a la entrada del estadio. Allí la emoción hace que las lágrimas te asomen por los ojos y una sonrisa de oreja a oreja te cubra la cara. 43 horas, 4 minutos y 48 segundos desde la salida, marcaba el crono cuando crucé la línea de meta de esta durísima y además maravillosa carrera que tengo intención de volver a correr. El primer clasificado, local, terminó en 20 horas y el último en 60h 25´ De los 2.050 que salimos, solo 1.383 llegamos al final, en mi humilde opinión, yo también creo que es la carrera mas dura del mundo. Contacto: www.grandraid-reunion.com

***Publicado en: Runnner's World