De Carreras (60 articulo/s)

Mayo 2008 - MI MARATÓN DE SABLES

Espectacular y emotivo relato de Javi acerca de su participación en el Maraton des Sables 2008

Por: Javier Aragon

Como bien saben los que me conocen, me acerque a Sables con la curiosidad y la incertidumbre de una persona a la que no le gusta competir, y pretendiendo únicamente un desafío personal como el que nos planteamos los montañeros cada vez que escalamos una montaña. Desde este punto de vista, adapte figuradamente la carrera a mi medio y siempre la proyecté como la progresión y superación diaria hacia una imaginaria cima que solo estaba en mi mente; transformando simuladamente las etapas en campos de altura y la aclimatación en adaptación al desierto; Y sobre todo, como hago ante todo aquello que emprendo, con ilusión, amplificando todo lo que me era posible la humildad, compañerismo y disfrute.
Desde primer día, intenté aprender sobre el terreno, de mis compañeros y entender cómo reaccionaba mi cuerpo y mi mente a este descomunal esfuerzo, a la rutina o a el cambio de esta y compensárselo de alguna manera; por mi experiencia, conozco de antemano la importancia de la mente, la serenidad y la no impaciencia.

Para estar allí, habían pasado casi cinco meses de sacrificio, sin trasnoches, sin esquí, sin escalar, para tan solo siete días de una vivencia que solo unos pocos pueden experimentar cada año y yo tenia la fortuna de hacerlo durante este 2008 con grandes personas a mi lado, y no podía desperdiciar ni un minuto.

“La única manera de conocer los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo que parece imposible”.

Capitulo 1 - MI MARATÓN DE SABLES “Hacia el desierto”
Las primeras evoluciones de esta e imagino que de otras similares carreras son íntimas y fraternales; la despedida en Barbastro, los deseos de buena suerte de los que te quieren. Después, la llegada a Madrid y el encuentro en la T4 con los que serían mis compañeros de aventura.
En Madrid, como ya describí, nos fuimos topando en el aeropuerto con los que serian mis compañeros de aventura, y aunque éramos inconfundibles, (¿quien se pasea por la T-4 con esa mochila con peto característica de la maratón de las arenas justo dos días antes de comenzar esta carrera?), todos nos advertíamos de reojo callados e imagino que pensando... ¡jo! que potente parece este, o que atlético parece ese otro.... ¿sabré bien lo que estoy haciendo y donde me he metido?
Después de unas horas de espera donde iban apareciendo con cuenta gotas nuevos miembros de la expedición, cogimos un vuelo a Casablanca y otro interno a Ouarzazate.. En el avión, ya cada uno iba intercambiando charla con las personas que le tocaban en suerte, como intentando disimuladamente sondear e ir seleccionando información o contar tus propias batallitas, porque las teorías son como los culos; todo el mundo tenemos uno, pero nadie quiere conocer el de los demás: ¿cuánto peso llevas en la mochila?... desde luego parecia un tema que nos obsesionaba a todos.
Un error, es juntarte con alguien que ya la ha corrido, y dejarte influir en algunas cuestiones que quizás también el se dejo influir igualmente por alguien que le resultó mejor el año anterior, y, esto no son matemáticas exactas; lo que es bueno para ti, quizás no lo sea para otro.
Sobre todo en cuestiones de material- No hace falta esterilla, ni chanclas, ni casi comida, ni..... ¡miedo!, de repente te entra miedo y piensas ¿me habré pasado? ¿me habré equivocado?..
Cuando esto me ocurre, enmudezco, me meto en mis pensamientos y pienso en mis sueños. Si hay voluntad y valor no nada es imposible; Es una máxima aplicable a cualquier reto deportivo o a cualquier sucedido de la vida diaria y como no, a lo que nos ocupa “ la maratón de Sables”., Así que automáticamente pienso es mi viaje, mi Sables y he de vivirlo yo a mi modo.

Ya de madrugada llegamos al hotel de Ouarzazate. Los vuelos se retrasaron y el viaje fue agotador, pues casi todos habíamos madrugado desde nuestros lugares de residencia para llegar a Madrid, pero aun así, en todos se advertía ese brillo especial que se imprime en los ojos de quien esta apunto de iniciar un sueño... su sueño.
Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños y si es posible realizar ya conscientemente nuestra épica personal.

La vida....Bien, no estoy en condiciones de decir que es la vida, pero si de disfrutarla y ser para ella algo fresco todo el tiempo, ser un gran descubridor y ella mi incógnita permanente.
Disfrutar, sorprenderte y descubrir es lo que yo trato de hacer cada vez que me encamino aun nuevo reto bien sea en la montaña (los mas) o como en esta ocasión, en una carrera por el desierto..
Me toco (también en suerte... buena suerte), compartir habitación con Jaume Tolosa de Roda de Ter (Barcelona) y como era muy tarde y no nos dieron cena, compartir con él una longaniza seca de Graus que llevaba yo en mi maleta, que nos rehizo un poco el estomago y nos animo la amistosa charla nocturna. (curiosamente al final de toda esta historia quedamos consecutivos en la clasificación general...¡qué casualidad!; No me fijé quien durmió con Jorge Aubeso, haber si también....).

A la mañana siguiente, nos dimos la última ducha como si fuera la definitiva, y como si restregándonos y limpiándonos bien, nos fuera a durar el pulido una semana seguida.
Nos reunimos todos en la puerta de un hotel donde fuimos haciendo caravana de autobuses y todo terrenos, y marchamos hacia nuestro destino 350 Km. hacia el sur. 8 horas de paisaje yermo, desértico y áspero, moteado con alguna vivienda de adobe, algún camello o pastores, casi siempre niños, con sus rebaños, que me hacían escudriñar, ¿qué coño comen esas ovejas? ¿arena?¿escorpiones?....
En la primera parada para hacer aguas menores, el bodegón que se formo alrededor de los autobuses era muy original a la vez que surrealista: chicos a la derecha del autobús; un montón de adultos formando una gran columna (eso si, como en los autobuses, por nacionalidades) apuntando con sus... al solitario desierto, como rivalizando ya haber quien aleja mas, y las chicas a la izquierda del autobús, como si de algo coordinado se tratara; estas lo tenían peor; imaginar una extensa llanura desértica sin sitio donde disimularse.... Allí fue donde descubrí asombrado y un poco confundido, que un sarcasmo “machista” que yo decía antes de partir para Sables con mis amigos: -“Allí las chicas que vayan deben mear de pie”, ¡era cierto!, Algunas meaban de pie...

Bueno, tras estas anécdotas, y algunos escorpiones mas, salpicados durante nuestras frecuentes paradas para miccionar (menos mal que los escorpiones no saltan), dejando una carretera secundaria, y por medio de una pista, llegamos al vivac y empezamos a aplaudir como locos.
El lugar impresionante, verdaderamente si parece una base lunar o los áridos planetas visitados por Luque Skywalker en la Guerra de las galaxias. El campamento estaba ordenado por un centro vital que determinaba una enorme cubierta esférica hinchable, sitiada por un arsenal de grandes carpas blancas, un imponente parque móvil con, estimo que casi cien todo terrenos, dos helicópteros y hasta una avioneta; camiones, camellos y a lo lejos nuestras opacas y modestas jahimas alineadas de dos en un gran semicírculo, como una gran avenida de casitas estampando una plaza en su centro.
Nos adjudicaron los números de las haimas para los españoles, nos dirigimos allí y nos fuimos repartiendo en ellas en grupos de seis u ocho personas.
Los que iban en equipo lo tenían mas fácil, los que no, nos fuimos agrupando como queríamos.
En mi caso, nos presentamos en el aeropuerto, y ya me junté durante el viaje, (hubo flechazo...), con Juanma de Torrevieja Alicante; siiiii, destino donde obsequiaban los apartamentos del Un Dos Tres; pobre Juanma, esta guasa se la hacíamos todos al conocer su procedencia y la aguantaba pacientemente con la mejor de sus sonrisas.
Con Carlos Zanoni de Pinto (metrosexual seria lo que se diría hoy en día, pero en su caso un dandy, un caballero de los de antes y que ahora no existen, en las formas, y en el fondo)
Con ellos dos, ya habíamos contactado en un foro donde nos íbamos aconsejando y previniendo antes de la carrera (ultrarun.mundoforo.com, sección Maratón de Sables), con los sobrenombres de Piltrafas, Zanoni y Javiaragon, y nos unimos a Joaquín una gran persona con el esfínter un poco flojo “obsesionado con que lo lleve el próximo año al Mont Blanc; Jorge, un medico de los de serial de televisión (otro dandy en el mejor sentido de la palabra), y Luis, una televisión de entretenimiento en si mismo, que nos deleitaba con sus ocurrencias e inspiradas frases desde el primer día, como la que mas redundaba: “vamos a pasar mas hambre que un caracol pegado a un espejo”, o “ Sables no es Bambi”.
Entre nosotros seis, formamos la que seguro nunca olvidaremos “Jahima 8”, contigua a la alborozada jahima de los andaluces y a tres de la mediática jahima de Luis Enrique y compañía.
Como bien dijeron nuestros compañeros andaluces, la gente estaba demasiado pensativa y tocaba empezar a reírse. Así que como ya apalabramos en el foro, pusieron frente a su jahima un mantel y, sobre él, un montón de jamón de Andalucía y Aragón, un queso, chorizo de Graus y mojama de Torrevieja de Juanma...y como no, cinco botellas de manzanilla. Poco a poco, se fue distendiendo el ambiente y los italianos (que eran nuestros vecinos mas cercanos), alucinaban con nuestra particular feria de Abril...
Tras la fiestecita y la cena todavía proporcionada por la organización donde se veían gente disfrazada de superman, o con frac, nos fuimos poco a poco ocultando por primer día en el interior de nuestros sacos y de nuestras particulares meditaciones. había sido un día muy largo y cansado.
“el reposo del guerrero antes de la batalla”

Capitulo 2 - MI MARATÓN DE SABLES "Distracción y adhesiones"

... Ahora, dentro de mi saco de dormir, en el silencio de la noche, y con el apoyo sonoro de.... los ronquidos de algún que otro compañero de Jahima (omitiré nombres), repaso y me envuelvo con mi pasado y mis vivencias, las cuales de nuevo me han otorgado ser rehén de mis sueños...
Se muy bien que no me daré por vencido, y esto hace que antes de comenzar de alguna forma ya haya ganado.
En una montaña, hay grandes posibilidades de no conseguir tu objetivo.... ni tu ni nadie de los que están a sus pies. Un mal año, mala temporada, un violento cambio de tiempo, una avalancha en la ruta, etc, etc; muchos agentes externos pueden dar al traste con tu ansiado objetivo.
Aquí, salvo una catástrofe, se que este dilema no existe. Siempre habrá algunos que terminen la carrera, el propósito es ser yo uno de ellos.
También se muy bien, que si confías en ti mismo tus condiciones se multiplican, porque casi siempre, somos nosotros mismos nuestros peores enemigos.
Revelaciones que entremezcla alegrías y tristezas desde mi última gran aventura en el Himalaya del 2002, amigos, antagonistas, recelos o lucha.... Finalmente me duermo.
Amanezco por primera vez en el desierto, al fondo con la luz imponente del crepúsculo, asoman las indescriptibles e intrigantes dunas de Erg Chebbi cerca de Merzouga.
La noche ha sido tranquila, incluso he dormido placidamente ayudado por una pastilla de valeriana que llevaba en mi botiquín, sutileza que aprendí de Fernando Garrido durante la expedición al Cho Oyu para adaptar el sueño los primeros días. Aun así, mi espalda está algo resentida; hacia tiempo que no dormía en el suelo, y cambiar la comodidad de un colchón, por la incomodidad de una esterilla sobre una alfombra en el desierto, cuesta un poco.
Hay enérgica convulsión en el campamento y se nota la impaciencia de lo que está por comenzar. ¿A que hora dan el desayuno?¿a que hora nos toca pasar el control de mochilas?¿cuánto peso llevas en la mochila? Las preguntas se reiteran y se repetirán durante toda la jornada.
El control de mochilas nos tocaba pasarlo de una a dos de la tarde, así que tras desayunar lo mas copiosamente posible en la voluminosa carpa de la organización, me dispongo junto a mis compañeros a rehacer por centésima vez mi mochila (menos mal que esta no se queja).
Decido quitar algo de peso del botiquín, dos pares de calcetines (en vez de seis llevo cuatro), ajusto un poco la comida, un poco de aquí un poco de allá y por fin mi mochila queda en nueve kilos sin agua. Estoy satisfecho, pues el último mes he entrenado continuamente con once kilos, así que perfecto.
Mientras Juanma, otros y yo nos dedicamos a esta tarea de reajustar la mochila, perturbados de vez en cuando por la curiosidad de muchos extranjeros intentando averiguar sin éxito la procedencia de la elegante bandera que había colocado Zanoni en nuestra Jahima... era de su pueblo, de Pinto (Madrid) ¿cómo iban a saberlos los italianos o los franceses?, otros han ido a pasear hasta las dunas que nos albergarán mañana en la primera etapa, e incluso se puede ver algunos trotando hacia el horizonte... ¡que moral!, ¿no tendrán suficiente con los 248 kilómetros que nos esperan?
A lo lejos, al otro lado del semicírculo observamos a un personaje gigantesco, al menos debe medir dos metros y como poco es primo hermano de Arnold Schwarzenegger, pero en versión rubio con barba y Neocelandés. Su mochila es por lo menos del tamaño de Juanma y la colchoneta que lleva atada a ella, por el tamaño parece la famosa cama autohinchable restform (la de la tele tienda de madrugada), es impresionante; y nosotros preocupados con el peso...
Le suplico a Juanma que me siga, y me acerco tímidamente a este coloso, pidiéndole con señas si puede mi amigo hacerse una foto pegado a el. Consiente con una “enorme” sonrisa. De lejos impresionaba, pero de cerca y junto a Juanma, me hace imaginar la película del señor de los anillos comparando a Juanma con un Hobbit al lado de un enorme horco.
Charlas con unos y risas con otros hacen que la mañana vaya discurriendo templada. Poco a poco, voy conociendo y relacionándome con mas cómplices de esta aventura:
Fidel, nuestro veterano español de sesenta y siete años, y el mas experimentado (ocho participaciones ya) aconsejando a cualquiera que le pida consulta, haciendo gala de su delicioso buen humor y pregonando en voz alta lo que después comprendimos era su grito de guerra al cruzar cada día la línea de meta: - ¡Que se jodan!, exclamaba al mismo tiempo que eufórico alzaba el brazo y de reojo vigilaba la enseña que lucia en su espalda ensartada en un palo sobre su mochila; ¡Eso si era una bandera!, ¡eso si era patriótico!; su bandera era la foto de sus tres nietos y contemplándolo se podía ilustrar la frase publicitaria de Ikea: “bienvenidos a la republica independiente de mi casa”.
Otros, con preocupaciones de ultima hora, como Pablo Segura de Barcelona, que ha dejado a su bebe recién nacido precipitadamente ingresado en una clínica antes de partir, y legítimamente está con la mente y el alma todavía en España desde que salió; es evidente y comprensible que él aun no esta disfrutando de Sables, así que no nos queda mas que animarlo cuanto podemos. (Un día después, su bebe ya estaba en casa y bien, y como no, comenzó su Sables con energía renovada y por fin una sonrisa);
Covadonga, componente de la organización de no limit España, y desplazada para la ocasión como fotógrafa, haciendo ya gala de su simpatía con todos y cada uno de nosotros (a la postre terminamos llamándola “mama Covadonga”, porque su atención hacia nosotros era similar a la de una madre) ;
Xavy Aldecoa, periodista llevado por La Vanguardia, y frustrado participante, pues lo que realmente le hubiera gustado era participar, pero una lesión no lo dejo; me anuncia que está escribiendo un blog en la pagina web de su periódico, y que me nombra tras haber conversado familiarmente conmigo en Huarzazate y confesarle que llevaba entre mi comida Jamón (vaya sorpresa).
Tanto Covadonga como Xavi, tal como fueron discurriendo las jornadas, se convirtieron en dos mas de nosotros. Todos esperábamos sus alientos y atravesábamos el desierto con el deseo de absorber ese soplo de aire fresco que nos procuraban durante las etapas con sus ánimos y sus sonrisas.
Jorge Aubeso (campeón de España de cien kilómetros y posteriormente el mejor clasificado), al que yo no conocía por no pertenecer a este mundo de lo runners. Es una de las personas que mas me han sorprendido. Refleja humanidad por todos sus poros y es virtuosamente humilde (cuantos ilustres deportistas debieran aprender...).

Volviendo al panorama del campamento, un montón de niños y adultos bereberes se han acomodado sentados en el suelo e impacientes en grupitos desplegando para vendernos pequeños objetos de plata, piedras, fosiles o turbantes, sabedores de que aun tenemos encima dinero y podremos guardar las cosas aún en la maleta, cerca de las jahimas, en un paso obligado: entre nuestras jahimas y las letrinas portátiles que dispone la organización. No entro en descripciones escatológicas... o si: cubículos de a tres, cubiertos con toldos blancos, como austeras cabinas telefónicas, y en su interior retretes de plástico de los de hacer tus necesidades agachado en cuclillas apuntando por el agujero, que debajo daba a un sarcófago demasiado perceptible, que naturalmente por el uso, y los nervios de tan larga espera, se iba colmando (algunos les fallaba la puntería).
Así podías examinar estupendamente la complexión interna, la externa estaba a la vista, del que te antecedía en dicho menester, abandonando tu también tu firma a su suerte, para ser admirada por los que te reemplazaban tras el toldo....
Entre dimes y diretes pasamos la mañana, y finalmente ya estamos dispuestos para encarar el temido control de material y entregar la maleta que nos retendrá la organización hasta el término de la carrera.
Nuestro temor se quedo en nada, una discutible formalidad: entregas el certificado medico, te dan las pastillas de sal para la carrera y ese pedazo de bengala de medio kilo que prenderla te costará la carrera y los 180€ de fianza, se fían de que llevas todo conforme, y marchando que hay cola;... El equipo Andaluz, bueno, uno de sus miembros, ha tenido problemas con su electro: en vez de tres hojitas, solo tiene dos ¿estará incapacitado el pobre para correr la carrera porque su medico corto el electrocardigrama por donde no debía?.
En fin, de momento, tras unos asaltos con la furia andaluza, ya que la organización no atendía a evidentes razones, le dejan participar; eso si, aun no sé si le devolverán la fianza...
Nos quedamos semidesnudos... bueno, metafóricamente hablando. Nos quedamos con lo puesto para afrontar los siete días que teníamos por delante tras pasar este control y entregar la maleta.
La gente aun así seguía obsesionada ¿cuánto pesa tu mochila?.
Tras la comida aún a cargo de la organización y “la patriótica mini siesta”, comencé la tarde con uno de mis hábitos cuando estoy de expedición y que me sirve para crear un íntimo y original sumario o diario, y para estrechar lazos con mis compañeros; comencé a dibujar en una pequeña libreta que traía las caricaturas de algunos, en concreto esa tarde de Jorge Aubeso y de Fidel, dos personajes que por apreciaciones y sin correr este día llamaron mi atención, bueno... también porque eran muy fáciles de caricaturizar (lo siento Jorge, pero esa nariz....) y tras dibujarlas, se las muestro para que me las autografíen.
Mas tarde, acompaño a Juanma, en un diligencia que le ennoblece y dice mucho de cómo es como persona; ha traído en su maleta unas cuantas pelotitas y unos bolígrafos con figuras de Walt Disney para los niños nativos.
Seguro que esta acción no la olvidará nunca y yo tampoco; ver la alegría (y morro de alguno que tras esconder su pelotita pasaban a por mas) de esos niños al recibir sus regalos es fantástico . Repaso en mi cabeza hace unos años en una aldea del Tibet a la que acompañamos a los miembros de la expedición de la guardia civil de montaña, que hicieron esta misma acción , y desde luego es un acto que eleva el espíritu y pone nuestros pies sobre la tierra... Este mismo gesto de solidaridad y conciencia, se lo vi perpetrar a Jorge Aubeso; él transportaba en su maleta zapatillas de correr para atletas marroquíes con los que coincidieron en otras ediciones. En efecto, todos hemos experimentado, con frecuencia que esa "voz" que nos exige, nos juzga, nos acusa o nos felicita por lo que hayamos hecho, pero...¿cuántas veces le hacemos caso como hoy hacían Juanma o Jorge?.

La tarde se va con la festiva ceremonia de presentación de la prueba en la amplia explanada que nos ofrece el desierto con el cercado de nuestras jaimas, el director y fundador de la prueba Patrick Bauer subido al escueto escenario que le ofrece la capota de un jeep, nos dirige unas palabras en un magistral “francés”, y es traducido simultáneamente por su asistente femenina a un sospecho correcto “ingles”; y entre unos y otros mediamos para traducir e ir informándonos de las explicaciones y advertencias que nos dan.
Además nos ejecutan una arriesgada y fortuita exhibición de cómo “no” se debe lanzar la bengala de señalización, y lo delicado que es no sacar la tapa superior de la bengala y tirar de la anilla inferior; vaya susto se llevaron, casi se caen del jeep frente a todo el auditorio y televisiones de todo el mundo, y por sus caras de sobresalto, creo que no estaba preparado....
Tras el susto, ejecutan perfectamente la demostración (no se para que, si no pensamos activar la bengala... je je ), nos desean muchísima suerte para la carrera, y ala, a cenar y a dormir que mañana empieza lo bueno.

Es ahora en estos momentos cuando me planteo que cosas buenas puedo brindarles a mis amigos a mi familia, a los que han confiado en mi, en algo tan superficial como participar en una carrera... porque es lo único que me queda... y no hallo respuesta alguna.
... Ya es tarde, estoy de nuevo en mi saco, notando los efectos de la valeriana, y es... como si una película pasara a gran velocidad por mi mente, "es mi propia vida" " mis errores" “mis aciertos”... siempre es agridulce...

Quizás mañana esté de nuevo encima de la ola, quizás no me deje hundir y solo me deje mecer por ella...

Capitulo 3 - MI MARATÓN DE SABLES "30-3-2008 - 1ª ETAPA ERG CHEBBI / ERG ZNAIGUI (31,6 Km.)"

En el silencio de la noche, descubro mi esperanza en forma de ferviente propósito de agarrarme a esta carrera como una vivencia o reto personal, y convirtiendo este objetivo en un poderoso mantra ... me relajo, y me entrego... Entonces una voz susurra suavemente dentro de mi... cierra tus ojos, solo siente y date cuenta, no es una ilusión, es real...
El quererlo disfrutar a mi modo , me conduce a no querer mirar ningún día ni el cuaderno de ruta , y aunque es difícil silenciar lo que te aguarda porque es una murmuración pública, intento saber lo menos posible del perfil de las etapas, porque quiero impresionarme, descorrer la cortina y que esta sensación de desconocimiento e ingenuidad me proyecte a una inexplorada montaña, y ese estímulo sea un aliado para mi mente que me haga impregnar de todo y ser respetuoso y humilde.
He descansado bien. “Hoy es el gran día” y mi espalda simula que se va adaptando a este insólito lecho de alfombra sobre grabados de arena.
Al despertarme, mi primer pensamiento antes de abrir los ojos es para Rosana ¿qué estará haciendo? ¿qué pensará de mi? la echo de menos aun teniendo la posibilidad de hablar con ella todos los días; acto seguido pensamientos para mi madre que ha padecido otras veces mis ausentes escapadas a grandes cordilleras con su clandestino dolor por el riesgo que corre su hijo, y solo deseo que esta vez no tenga ese estremecimiento; para mis hermanos y para mis amigos José Mª y Miguel que tanto me han respaldado durante este ultimo año en lo físico y en lo espiritual.
Pero al abrir los ojos, mi primera perspectiva ... este y después casi todos los días, era Zanoni irreprochablemente dispuesto y acicalado, concentrado preparando su desayuno y aparentemente abstraído en sus pensamientos, perturbados únicamente por alguna burrada que decía Luis como “esto va a ser mas arriesgado que el 69, que si te equivocas un palmo te comes una mierda”, o por nuestros vecinos Andaluces que también... – “que gracia tienen los jodidos” decía Zanoni mientras esbozaba una sonrisa....
Desde el primer día, y así hasta el ultimo nos habíamos instalado en la jahima como si nuestros nombres estuvieran señalados en la alfombra; a un lado descansaban Luis, Jorge y Joaquín (el sector mas comediante y que mejor comida llevaba) y al otro lado dormíamos Juanma, Zanoni y yo (el sector mas reposado, mas inteligente, mas guapo, mas.... es broma...).
Al instante, averiguamos que uno de los mitos de Sables era cierto, los temidos “termitas”; apodo aún no se si cariñoso, de los marroquíes que al grito de ¡yala! ¡yala! en un plis plas, como los hornos pirolíticos de Arguiñano, nos habían limpiado la jahima sobre nuestras cabezas, y nos encontrábamos con la indiscreta escena de ver perfectamente y ser vistos en la intimidad de nuestras jahimas; era una indudable violación de la intimidad.
Imaginar que estáis en casa bostezando en la cama, y de repente se esfuman las paredes y el techo dejándoos a la vista de todo el vecindario... Las alfombras las retiraban media hora después, así que ya podíamos andar ligeros.
Me llamó la atención como los periodistas del canal plus desplazados para filmar al equipo de Luis Enrique para el informe Robinsón, se frotaban las manos con la cámara plantada frente a su jahima aguardando que los termitas les subieran el telón y cogerlos... nunca mejor dicho, “en bragas”.
Me dispongo a desayunar por primera vez de mi humilde dieta (unas galletas, y leche en polvo con cacao), auxiliada con los actos de generosidad de mis compañeros que siempre te obsequian con algún fruto seco, y a los que invitas buenamente a lo que tu puedes.
La salida es a las nueve y el aderezo meticuloso, como el de un torero antes de saltar a la plaza, pero sin subalternos:
La ropa bien acomodada, sin pliegues.... como un pincel y todavía “limpia”; esparadrapos en los pezones para el roce; calcetines limpios y el pie bien lavado y seco como me aconsejó mi podóloga Susana; las zapatillas mizuno que adquirí a última hora, bien atadas y envueltas con los guetres bien cerrados con blecros rodeando la parte inferior de la zapatilla; belcros muy bien cosidos por un zapatero de Monzón del que me acordé durante toda la carrera por lo bien que zurció mis originales guetres, en los que unos amigos que hacen camisetas y diseño grafico “www chinochano.net” , habían estampado en la parte delantera de un pie “chino” y en el otro “chano”, así cada vez que miraba mis pies mientras corría me sonreía pensando, “chino chano ya queda menos”; en el peto de la mochila, a mano, las barritas que preveo utilizar durante la etapa y las sales de la organización; los dorsales bien colocados con mi preciado numero 600, como nuestro coche patrio mas internacional; los dos botellines de agua con algo de isotónico que posteriormente nunca utilicé; la insólita gorra con faldón posterior sobre la cabeza signo manifiesto de que te encuentras corriendo por el desierto, con un hilado frontal con las palabras “chaca sport”, tienda de deportes que me esponsoriza, pero que para mi simboliza mucho mas que esto, significa el recuerdo diario de Olga, una gran amiga que poseo desde mi infancia y a la que aprecio mucho; el chip y la tarjeta para los controles pendidos con su cinta de mi cuello, crema en la cara, los brazos y las piernas y las gafas adidas; hoy no tengo dudas, hace viento, así que me las ajustaré con la goma. Fue una decisión que ya tomé diariamente, porque no me molestaban con la goma, y así evitaban que en algún golpe de viento me volara la gorra y tuviera que hacer algún trozo extra para ir a por ella.
Ya esta todo el campamento recogido. Observo a Jorge Aubeso, y esta recostado sobre su esterilla, bien tapado, acurrucado y descansando en el suelo mientras aún mastica algún pan de higo. Tiene mucha experiencia, así que habrá que hacer lo mismo “donde fueres haz lo que vieres”.
Me tumbo, me abrigo bien pues hace viento y frio y espero. No estoy nervioso, solamente impaciente por comenzar ya.
De nuevo, cierro los ojos, me encierro en mis reflexiones y viajo: Recuerdo momentos duros desde que comencé en diciembre, corriendo navidad, año nuevo, reyes, domingos y festivos, pero de los que he aprendido mucho, muchos kilómetros compartidos con Isabel en especial, Jesús, José Mª, Paco, José Hernán y Miguel entre otros, y me pregunto que estarán haciendo hoy; me angustia un poco pensar que solo quedan siete días para que todo esto termine. No puedo fallar ahora, se que no voy a fallar.
Ha llegado la hora y como cientos de ánimas matizadas turbiamente entre la ventisca de arena, nos encaminamos a la línea de salida mientras adaptamos todas las correas y cinchas de las mochilas a nuestros cuerpos .
Este fuerte viento se conjura con la arena del desierto para que en esta primera jornada no se pueda realizar uno de los símbolos característicos de Sables, el numero de la edición plasmado por el conjunto de los participantes, convenientemente organizados y coordinados para que en una espectacular toma aérea, se distinga en este caso un gigantesco, vistoso y saltarín numero 23 sobre el tapiz del desierto.
Me alineo junto a mis compañeros de jahima, diez metros por detrás de la cuerda de salida, ¿estamos demasiado delante?¿cuánto pesa tu mochila?... Allí formamos casi todos los españoles vociferando “a por ellos ooeee”, y observo nítidamente las caras de emoción de la mayoría: Jorge, Zanoni, Juanma, Luis, los ataviadísimos andaluces o el equipo de Luis Enrique entre otros.
Comienza el ceremonial dirigido por Patrick Bauer como si de un megalómano predicador se tratara, de nuevo sobre su jeep en “francés”, y su traductora simultánea al “ingles”
Explicación de la etapa, recomendaciones, consejos y recordatorios de los participantes que cumplen años y a los que todos cantamos formando un coro cosmopolita de casi mil personas happy birthay to your... bueno, en mi caso, “Japy berdey tuyur”... - menos mal que yo no cumplo años estos días , que vergüenza, pienso.
Casi sin darme cuenta, comienza a sonar a todo trapo ACDC, “autopista al infierno”, otro de los tradicionales protocolos de Sables, y no puedo evitar advertir un cosquilleo en mi estomago al mismo tiempo que miro todo lo que me rodea dándonos la mano y deseándonos buena suerte.
Mis pies hormiguean y se mueven solos sin remedio al compás de la música, y al descubrir el inesperado vuelo en diagonal y rasante del helicóptero de la organización sobre nuestras cabezas, nos enloquecemos, y ese cosquilleo que sale de mis pies, se convierte en un escalofrió que como un relámpago surca hacia arriba mi cuerpo, se amplifica al pasar por el corazón y asoma de repente en el borde de mis ojos escaneándolos ligeramente con algo parecido a lagrimas.
Estoy sobrecogido y de repente en mi mente se juntan todas aquellas personas a las que quiero y pienso en mi hermano Jorge con el que me hubiera gustado compartir esta salida.
Me considero una persona mas bien fría, a la que situaciones como pisar una cima en una gran cordillera no le conmueven, y ante esta absurda situación de la salida de una extravagante carrera por el desierto, no puedo evitar e intentar disimular mi emoción y ruborizarme un poco al descubrirme medio emocionado.
¡Diez!, ¡nueve!, ¡ocho!, ¡siete! ¿qué hago? ¿qué siento?, ¡seis! ¿Me grabo? Saco la cámara apresuradamente, y como descubrí en un video de Youtube comienzo a auto filmar mi salida; ¡tres!, ¡dos!, ¡uno!.....
Me dejo arrastrar sin importarme a donde me lleva este invisible camino, porque sea cual sea el destino, se que mañana volveré a subir eufórico a lanzarme a este agua.
Voy trotando despacio, intentando coger mi ritmo de piernas, pero sobre todo intentando confinar en mi cabeza, hacer mi carrera, y percibir claramente mis alteraciones naturales. Mientras a mi alrededor observo gente excitada, yo intento mantenerme frío, la etapa es larga, son cinco días mas, y según he podido escudriñar de los comentarios de los conocedores Jorge (cinco participaciones) y Fidel (ocho) esta etapa en particular es mas dura que ningún otro año, y la carrera es la mas larga de todas las ediciones.
Así que, ante la desbandada colectiva, intento permanecer indiferente mientras me aproximo a los primeros trece kilómetros de dunas de Erg Chebbi.
En mi cabeza se repiten consignas que me he auto impuesto para intentar no cometer errores y también para mantener mi mente distraída: Beber cada diez minutos de reloj, cada quince comer algún bocado de una barrita energética que haré durar de control a control; en cada control, como recomienda la organización tres pastillas de sal (por algo lo dirán) y del último control hasta la meta un gel; no parar nunca, correr o andar, pero nunca parar excepto para hacer fotos o por cuestiones mingitorias.
Comienzan las primeras pendientes en las rojizas y temidas arenas de las impresionantes dunas y ya se va formado una kilométrica serpiente de a uno matizada de colores, plasmándose esa silueta que será la tónica durante todas las etapas ilustrada mil veces en esas llamativas fotos aéreas que todos estamos acostumbrados a ver. No puedo evitar parar brevemente para hacer fotografiás.
Siempre soñé con visitar el desierto pero nunca de esta forma. Anhelaba caminar sobre las dunas por la noche, sintiendo el frío de la fina arena acariciando mis pies mientras observara el cielo, y sin embargo, aquí estaba introduciéndome el desierto en vena de una manera que nunca imaginé, pero no por ello menos hermosa y desde luego muy emocionante.
Observo maravillado las formas onduladas y las texturas de las dunas, son ciertamente increíbles. De nuevo, como en un inmenso glaciar, me sentí inesperadamente pequeño y eso me hizo sentir más vivo y con más fuerza que nunca. Creo que soy aún más consciente de lo que amo la naturaleza.
“Lee las dunas” pensaba; reflexión que escuché a un corredor Mexicano, e intentaba en mi breve experiencia de unos kilómetros, examinar vorazmente el perfil con la ansiedad por aprender de un niño cuando da sus primeros pasos.
En una de las dunas mas altas en la que se había formado una línea de a uno, intento, saliéndome de la fila, ascender en zigzag trazando una diagonal adicional como tantas veces había hecho abriendo huella en las palas vírgenes de nieve de cualquier montaña, para descubrir que la arena no es el mismo medio que la nieve y terminar haciendo un esfuerzo extra para someterla. Lección aprendida, las dunas grandes, de frente e incluso a cuatro patas si es necesario.
Avistaba a gente conocida e iba adelantando a gente variopinta de muchos países del mundo con llamativas banderas e incluso con extrañas indumentarias, imagino que deseando estéticamente salirse de lo normal, y así resaltar en las imágenes televisivas, sino, no entiendo esa falta de sentido del ridículo; todo esto hacia que mi mente se distrajera.
Subir dunas es duro, correr sobre ellas también, y bajarlas me resulta mas agradable pero sabes que al bajar una te espera el ascenso a la siguiente. Van cayendo los kilómetros y las dunas se terminan cuando por fin se divisa a lo lejos el CP-1.
Aun al avistarlo, y con este espíritu de suspicacia con el que he abordado esta actividad de la que no soy ningún especialista, la voz que todos tenemos en nuestra cabeza y que nos dicta instrucciones propias o asimiladas, me apunta: “ Cuando divisas un chec point a lo lejos, parece que nunca llegas”, así que me relajo, intento no emocionarme ni exasperarme y sigo tranquilamente a mi ritmo sorteando dunas ya cada vez mas asequibles.
Llego sin precipitaciones al CP-1, y observo diferentes pasos enmarcados como los peajes de una autopista, acotados con vallas donde en la parte superior refiere los números de dorsales que tienen que pasar por cada puerta. Mi puerta“400 à 600”, me dirijo por allí, me pasan sobre el chip que llevo colgado al cuello una especie de paleta de ping pong electrónica con un cable que se extiende desde su mango hasta algún tipo de aparato receptor que este acreditado de la organización lleva en bandolera a su costado, y suena un zumbido “Funciona, pienso para mi, y le sonrío”.
Una segunda persona aguijonea la primera marca en mi tarjeta de avituallamiento testimoniando el control de agua, mientras grita: ¡six cents!... (No era el precio del peaje), era mi numero “600” , mientras una tercera persona me entrega la botella de litro y medio de agua, que previamente rubrica con un rotulador con mi numero en el tapón y en el envase (sistema excelente para que nadie se deshaga del recipiente en medio del desierto por miedo a la sanción de tiempo y la“fianza”).
Al pasar, observo a izquierda y derecha de la línea de pórticos, escoltados por dos jeeps de la organización y alguno mas de periodistas, dos toldos en forma de palios papales plantados a ambos lados haciendo sombras para que los corredores pudiéramos cobijarnos y rehidratarnos.
Yo decido no parar, cambio mi botella de agua por la nueva atravesada en el frontal de mi mochila y continúo. En este control podía coger dos botellas, pero he decidido coger solamente una; bebiendo cada diez minutos un poco, me ha sobrado y aún llevo los dos botellines laterales de medio litro completos.
Me ha costado aproximadamente una hora y media llegar hasta aquí, así que miro mi cronómetro sabiendo que debo abstraerme e intentar disfrutar hasta que pase otro tanto para estar en las proximidades del CP-2 sin desalentarme mirando el horizonte que nunca llega en estos parajes.
El terreno ahora es mas uniforme, árido, enjuto y muy sediento; diferente a las dunas; diez kilómetros de llameante llano castigado por un humeante y también caluroso viento.
El tiempo va pasando y mis piernas comienzan a sentirse saturadas, pero intento pensar en otra cosa, en la gente, e incluso en sacudirme el pensamiento de querer desesperadamente llegar a la meta y finalizar; eso no, eso va contra mis principios; si no consigo disfrutar moderadamente de las etapas, terminaría dudando del sentido de embarcarme en una aventura como esta. Disfruta, pienso.
Miro atrás y escudriño que cada vez nos distanciamos mas entre la gente. Absorto en mis parábolas y concentrado en mis pensamientos, llego en el tiempo estimado al CP-2, donde se repite el protocolo de fichaje y agua, esta vez con solo tres puertas para todos los participantes; está claro que aquí iremos pasando graduadamente y no en legión.
Es el kilómetro 24, y de nuevo sin detenerme, continuo la marcha sabiendo que me quedan siete para la llegada. ¡Sorpresa! en la base del pie derecho, en la soldadura con el dedo gordo, adivino claramente un sospechoso cojín laxo y acuoso; ¡una ampolla!. Intentare levantar un poco el dedo gordo dentro de la zapatilla mientras corro, para que no estalle, pues eso se que dificultaría la trama en las siguientes etapas.
Quiero conjugar imaginariamente la distancia que me resta con un recorrido rutinario y gastado que tantas veces he corrido este invierno de Barbastro al monasterio del Pueyo (justamente 7 Km.) e incluso escoltarme de inexistentes y etéreos compañeros (Isa, Jesús, Miguel, José Mª, Paco, Rafa o José Hernán), que me acompañan espiritualmente alguno de los metros que me restan; cualquier recurso mental es valido para intentar evadirme, pues ahora si me encuentro bastante molido, y las piernas tras tanta variación de terreno, el calor, e imagino que la aclimatación, se afligen cada vez mas.
Estos dos o tres primeros kilómetros atraviesan el lecho irregular de un río seco que intento ir superando aprovechando las rodadas de algunos jeeps, y aun así la progresión se hace bastante dificultosa porque unas veces pisas firme, y otras te hundes y casi te postras.
Un jeep de la organización se encuentra trabado en una grada de arena, y sus ocupantes cavan bajo las ruedas mientras me miran pasar y pienso, je.... no solo yo necesito acoplarme al terreno... también a estos les a traicionado el entusiasmo salvando con su cómodo jeep terrenos impracticables; seguramente mañana ya no se lanzaran alegremente fuera de terrenos mas o menos estables...
De repente alguien grita a mi espalda, es Juanma que va intachablemente lanzado hacia la meta y al ponerse junto a mi me anima.
¡Sigue Juanma! le digo, y yo continuo con mi trote prudente y ya cansino.
Deliberadamente e imagino que para endurecer aun mas la etapa.... (sin que fuera ya necesario), a unos tres o cuatro kilómetros de meta emerge una nueva colonia de dunas, esta vez extendidas y horizontales, como si de voluminosos y orondos muros se tratara, en forma de murallas chinas unas junto a otras. Distingo de nuevo a Juanma y poco a poco lo atrapo; está claro que algo le pasa, pues mi cadencia de trote no ha mejorado y lo alcanzo precipitadamente en las primeras dunas. Ahora lo animo yo, y observo que va bastante castigado.
Desciendo una duna y paulatinamente asciendo la que la sucede ansioso de gritarle a Juanma se distingue el campamento, pero no es así y siempre hay otra cínica muralla al otro lado. Pensándolo fríamente, tres kilómetros de dunas horizontalmente alargadas, en las que el trayecto marcado las atraviesa perpendicularmente, son muchos kilómetros. Otra vez, me huelo los pocos escrúpulos de los que diseñan el trazado de la prueba y su fanático deseo de defender el sobrenombre de “la carrera mas dura del mundo”.

Voy rebasando gente que ya va ajusticiada por la carrera, erráticos y frívolamente descritos como “pollos sin cabeza”. Me analizo constantemente, y me observo muy cansado, pero no extenuado... y por fin al encaramarme a otra duna mas, descubro el campamento abajo en un extenso llano.
Ver el campamento instalado geométricamente idéntico al de por la mañana en la salida, me hace pensar por un instante, como íntima chirigota (que malo es el calor) si lo han desmontado y montado de nuevo, y nos han hecho dar un rodeo para regresar al mismo lugar y así tomarnos el pelo....
Me precipito hacia allí lo mas veloz que me permiten mis debilitadas piernas, ósea poco, y paso por primera vez la gran arcada hinchable de la llegada, (que es la misma que la de salida pero en dirección de acceso al campamento): En los últimos metros especulo si debo hacer algo especial o exclusivo para celebrar mi llegada: saltar, gritar, subirme la camiseta sobre mi cabeza y con los brazos extendidos en forma de avioneta corretear haciendo teatro de una lado al otro; menos excesivo, alzo un dedo como señal de que ya tenia la primera etapa en el bolsillo y dando una palmada de rabia cruzo la línea aplaudido y animado por los que allí se encontraban, entre ellos nuestros particulares animadores Covadonga y Xavier.
No siento nada especial ¿qué esperaba?, tampoco lo sé, pero la sensación es de cansancio físico y mental, siempre equilibrado con la idea de que esta línea de meta hay que cruzarla el último día y que hoy es un mero tránsito; “he conseguido montar el campo uno, pero aun quedan cinco mas hasta la cumbre”.
En mi cabeza Juanma y subyugando la pereza y la fatiga que ahora me deshonran, una sola determinación ¿cómo procedería en una montaña o una expedición?.
Abandono mi mochila junto a la línea de meta, y pido autorización al personal de la organización, (no vaya a ser que no se pueda y nos sancionen) para regresar sobre mis pasos e ir al encuentro de un compañero (Juanma) y retrocedo hacia las dunas a su encuentro para apoyarlo aunque sea moralmente (quizás otro día sea yo quien lo necesite).
No tardo mucho en encontrarme con el, y camino a su lado hasta la meta, oyéndole y abstrayéndole. Creo que esta algo impresionado por el bofetón, mazazo, pájara, globo, que ha padecido estos últimos kilómetros, e intento hacerle abrazar la sensación de que es el primer día, estamos experimentando todavía en este torrente de inéditas sacudidas y acoplándonos; que no hemos equilibrado bien las fuerzas ni medido bien la etapa y mañana habrá que salir mucho mas conservadores y nos irá mucho mejor, ya veras... lo hemos hecho bien, estamos muertos, pero aquí estamos.
Al aproximarnos a la línea de meta, lo aliento y le exclamo ¡venga sonríe y pasa corriendo!¡piensa en tus hijos y alza bien alto los brazos!
Ambos recogemos los tres litros de agua de la llegada que deberán servirnos hasta la mañana siguiente para hidratarnos, cenar y desayunar (tacaños), y andamos a nuestra jahima 8.
Hemos llegado los primeros de nuestra jahima, en otras ya a llegado alguno como evidentemente Jorge Aubeso, Josef, Marcel o Luis Enrique que ya están acostados descansando.
Aun así, observando el campamento a nuestro alrededor, hemos sido de los primeros.
Intento relajarme mientras estiro, componiendo una especie de desmayo con sosegado movimiento.
A Juanma le es imposible hacer algún movimiento sin acalambrarse, deduciendo que la causa es que no ha tomado ninguna pastilla de sal durante la etapa como nos recomendaron.
Voy a descalzar mi pie a ver que sorpresa me depara la ampolla que noté los últimos kilómetros, y quizás encontrar alguna mas, vergonzosa y agazapada.
Solo hay una y he logrado que no estallara con la consiguiente rasgadura de la piel que al replegarse por el roce, deja visible la carne viva posibilitando que se emponzoñe y se infecte; no está mal para un día, y viendo el panorama a mi alrededor, no puedo quejarme; vaya pies traen algunos ya.
La reviento cuidadosamente pasándole con una aguja dos hilos en forma de cruz y apretándola con el dedo para que supure; de este modo mi misma piel servirá de envoltura natural, y entre tanto pienso en ponerle nombre: Como es probable que los siguientes días tenga alguna mas, es la primera, fastidiosa, inflexible y nociva, la llamaré “hipoteca”.
Poco a poco van llegando el resto de nuestros compañeros y en general la etapa nos ha dejado exhaustos.
Me preparo la “comida” con el hornillo...por llamar de alguna manera a una estuchecito metálico, donde prender las pastillitas de alcohol sólido que increíblemente dan para hervir una taza de agua apoyada sobre el y preparar dos sopinstans; después un sobre de jamón que me evoca inmediatamente a Pedro mi compañero (amigo) de trabajo que ávido de compartir a su manera este sueño me lo suministró, y está buenísimo, mmmmm.
Tras este espiritual banquete, voy ansioso a llamar por teléfono a Rosana, recorriendo de paso el resto de las jahimas para ver como está el resto de la gente, sobre todo para averiguar como le ha ido a un compañero, el cual ahora no recuerdo su nombre porque soy un desastre; es su tercer Sables, en su segundo tuvo que retirarse por problemas físicos, y ayer pasó la noche vomitando y con intensa descomposición. A conseguido llegar, que en esas condicione es muchísimo, lo animamos y le sugerimos que se hidrate bien, repose y procure recobrar fuerzas para la segunda etapa. Esta claro que hoy él nos ha ganado a todos.
El teléfono es vía satélite, no había cola y comprendí el porque; las llamadas tienen un coste de cuatro euros por minuto, así que si te descuidas, pagas un dineral. El hablar con Rosana me reconforta e intento que me perciba alegre y optimista, explicándole tras su primer sobresalto al oír mi voz, que ese sonido brumoso y asimétrico es consecuencia del satélite y no porque yo me encuentre mal; yo a ti también te escucho con esa voz siniestra, le corroboro. Ciertamente, este demacrado sonido con retardo me hace refrescar aquellas llamadas vía satélite desde el campo base del Cho Oyu o de Manaslu...sinf... que tiempos.
Acto seguido decido hacer un poco de cola (aún es temprano), y escribir mi primer imeil de 500 limitados caracteres que la organización permite enviar gratuitamente cada día, en una carpa blanca anexa, en la que han emplazado unos doce ordenadores para hacerlo; somos casi novecientas personas, está claro que habrá que llegar temprano todos los días. Esta limitación de caracteres me impone escribir comprimiendo palabras evitando alguna vocal, quitando haches y cambiando ll por y como los sms de los adolescentes, para que Rosana lo descifre, lo modifique y lo reenvíe a todos los contactos y amigos.
Regreso a las jahimas y veo en otra carpa vecina a la de los imeils y la del teléfono, la enfermería y un rosario de gente que se está formando para curar los maltrechos pies o erosiones en la espalda realizadas por la mochilas; realmente no puedo quejarme.
Es el momento para la intimidad, la charla, los ánimos compartidos, pasar el rato escribiendo o dibujando, un pequeño paseo, un lacónico aseo con una toallita húmeda que me suministra Zanoni, tras reconocer que en mi afán de rehacer mil veces la mochila las había devuelto y olvidado en mi maleta; unas risas cómplices entre las ocurrencias de Luis y las gracias de los andaluces hacen que la tarde discurra agradablemente, y a cenar mi escalofriante y recurrente plato liofilizado de pollo al curry.
De pronto, todo se altera, están distribuyendo por primera vez los imeils que nos envían desde casa. Una simpática chica entrega a Luis los pertenecientes a nuestra tienda y todos lo miramos con la justa y educada ansiedad que nos consiente resistir el no arrebatárselos de las manos esperando que él los distribuya: ¡Zanoni!¡Juanma!¡Jorge!¡Javi!¡Javi! ¡Javi!¡Javi!¡Cuatro folios!. Me tumbo ansioso sobre la esterilla apoyando la cabeza en la mochila paralelamente a Juanma y Zanoni (este era todos el mobiliario en nuestros sencillos aposentos...), y me pierdo en un torbellino de sentimientos y afectividad que llega desde Barbastro, detenido de vez en cuando por algún comentario que alguno no podía reprimir y compartía en voz alta; como el de Zanoni que exclamó ¡Que cabrona! (textual). Nos explicó... menos mal.... que su hija le daba la noticia de que “iba a ser abuelo”; Un motivo mas para correr y motivarte en Sables, le comenté, mientras todos le dimos la enhorabuena.
Sus ojos lo decían todo, al igual que los ojos de todos; nunca fue tan cierto que los ojos eran el espejo del alma; todos nos observamos en silencio, leemos, volvemos a mirarnos…Nuestros ojos reflejan fielmente nuestras emociones y brillan con destellos intensamente.
Descubrir mientras lees deseos de buena suerte de personas a las que amas o incluso alguna que ni conoces, sentir en tus compañeros el alma del ser humano extraordinario, humilde, ocurrente y formidablemente inteligente ante una dificultad, hace que des las gracias por estar aquí y poco a poco te sosiegues físicamente y te dilates vitalmente.
El campamento va quedando en silencio y dormido, seguramente soñando con seguir enorgulleciendo a tus seres queridos con algo tan trivial como una carrera por el desierto....Aquí no hay un yo, somos nosotros y el desierto que ahora esta derramado de estrellas. Hoy he empezado a sentir que esto no es una carrera normal. Releo de nuevo los imeils con mi frontal, la música de mis pensamientos comienza a acompasarse con mis latidos, y mi mente se eleva y vuela de nuevo... apago la luz y me dejo llevar.


Capitulo 4 - MI MARATÓN DE SABLES "31–03- 2008 - 2ª ETAPA ERG ZNAIGUI / OUED EL JDAID (38 Km.)"

La noche ha sido condescendiente con nosotros; solo algo de viento al comienzo de la misma, que me exige, (haciendo alarde de ese deseable trotamundos que todos llevamos dentro), improvisar un cerramiento utilizando la pequeña navaja (obligatoria) y unas finas bridas de plástico que llevo en la mochila por si me hacían falta para alguna circunstancial reparación. De este modo, voy zurciendo toscamente la alfombra del suelo al faldón superior de la jaima para así evitar un poco la incómoda ofensiva de la arena que penetra en lugares secretos de las mochilas y casi “del alma”. Eso si, entendiendo que antes de que vengan por la mañana los termitas tengo que desarmarlo o no creo que les haga mucha gracia que cuando tiren de la carpa para desnudar nuestra jaima se desgarre porque esta remachada con la alfombra....

El cansancio se ha sentido y he dormido bien; hoy ya sé a que me enfrento y no creo que sea mas duro que ayer. En mi mente de nuevo mis seres queridos y la voluntad de ser mas conservador y cauteloso que la primera etapa consciente de que aun faltan mas de 200km.
Tras desayunar mi reiterativo cacao con leche y galletas, y con la confusión del que aun está asimilando su inédita aventura, tras titubear, cometo un error del que todavía me arrepiento: tirar los cuatro folios de imeils . Si cada día recibo otros tantos, será mucho peso; pienso precipitada e instintivamente. Pero hay cosas que verdaderamente merece la pena cargar, y esta es una de ellas; los días siguientes , no volví a cometer este error. Otra lección aprendida...
Juanma está callado, imagino que un poco desconfiado tras su pájara de ayer; Zanoni íntegro como siempre ; y el fondo sur de nuestra particular morada formado por Jorge, Joaquín y Luis...., da gusto amanecer frente a ellos; de una manera u otra siempre te hacen dibujar una sonrisa.
Normalmente la ceremonia matinal pasa por, Jorge (el doctor House) a modo de tutor, combina y reparte unos chapatis (pan plano sin levadura en forma de discos, en este caso de dos palmos de diámetro...) enrollados a modo de cigarro, con chorizo ibérico o jamón serrano, a la vez que expone un montón de medicamentos para cualquier dolencia, molestia, infección, contagio, sarpullido o gaita, y recrimina a Joaquín por sus gases nocturnos y a Luis por sus mofas diurnas. Que gran tipo Jorge... estoy seguro que como House en la serie de televisión, sería capaz de experimentar en su propio cuerpo poniendo en juego su vida con tal de resolver el caso de un paciente en cuestión....
Tras dar un garbeo mientras me oxigeno y estiro las piernas, me acerco interesando y cumpliendo cortésmente con los vecinos de jaimas, andaluces, vascos, catalanes, e incluso ingleses afincados en España como Buldog, casado con una Española y con el que había conversado durante el viaje. Buldog corría protegido con un enorme, extravagante y fláccido sombrero de copa amarillo con letras azules , que desacertadamente creí era para llamar la atención, hasta que me aclaró que era de una fundación contra el cáncer (muy buena finalidad), solo tenia que haber leído las letras azules y no enjuiciarlo....; era vegetariano, y diariamente objeto de mis bromas animándole a probar el jamón, asegurándole que con jamón se corría el doble y que era imposible correr mucho nutrido solo con hierbas... Respeto a los vegetarianos, pero no saben lo que se pierden...
Noto una generalizada discreción en los rostros de la gente. Excepto en algunos casos, esta ausente esa efervescencia de ayer y hay hoy un aire como desengañado y mas moderado. Incluso en un primer vistazo, pueden verse personas que caminan ya con mucha dificultad dando encogidos y lastimosos pasitos; está claro que la primera etapa para muchos ya ha sido un ortodoxo mazazo.
Nos disponemos para la segunda etapa, y hacemos la mochila mientras los termitas han desempeñado su labor limpiándonos la jaima.
Me planto y oriento la gorra, la visera para delante y el faldón para tras... sino....; y sobre ella las gafas que tan bien me están funcionando, regaló de otro amigo (Juanfer). Es curioso como estos pequeños complementos hacen recordar diariamente a alguien específico, y ligar este efecto rápida y dinámicamente a otras personas como Fernando y su familia o Lar (Pilar) personas que generosa y desinteresadamente habían hecho contribuciones económicas para que yo estuviera aquí.
Con los ánimos reservados, nos dirigimos a la línea de salida esta vez media hora antes, pues la gigantesca y clásica rúbrica viviente de Sables plasmando sobre la arena el numero 23 de esta edición, que ayer por el viento no se pudo formar, se va a realizar hoy.
Así que, junto a la línea de salida, desfilamos todos dentro de dos corrales en forma de números; una zona cercada con cuerdas y estacas, que demarcan y definen estos dos números en el suelo, y por lo que parece nos hemos situado en el extremo inferior del número tres (por si nos reconocemos en la foto aérea hecha desde un helicóptero a doscientos metros sobre nuestras cabezas... je je) .
Pasa el helicóptero obteniendo imágenes, mientras nosotros lo celebramos braceando y gritando; por un momento me figuro a Spencer Tunick, el fotógrafo neoyorquino que se dedica a retratar a miles de personas que aceptan posar desnudas, e imaginando esta fantasía, me rió por dentro; Sería chistoso e insólito... novecientos ti@s en bolas formando un gigantesco numero veintitrés color carne en medio del desierto del Sahara...
De nuevo dispuestos en la línea de salida, nos hemos colocado en la misma zona que ayer, justo detrás de uno de los mas célebres personajes que engloban esta carrera: Por su raza (negra) y sus rastas, es como un cruce entre Morgan Freeman y Bob Ma