De Carreras (60 articulo/s)

Noviembre 2008 - SAHARA RACE 2008 UNA CARRERA POR UN SAHARA DESCONOCIDO.

La ultima edicion de la carrera a pie mas dura del Sahara, el cruce del desierto blanco en Egipto

Por: Carlos Ultrarun

SAHARA RACE 2008 UNA CARRERA POR UN SAHARA DESCONOCIDO. ENTRADA Hay desiertos y desiertos, y el Sahara blanco se sale de todos los parámetros. Parece que estamos inmersos en medio de algún episodio de La Guerra de las Galaxias, con un extraño entorno que nos rodea, que por otro lado curiosamente es sumamente acogedor. Correr 250 kilómetros en autosuficiencia alimentária, en medio de este paisaje lunar es la propuesta de la organización Racing the Planet, como parte de su serie “4 desiertos”, 4 carreras por los lugares mas inhóspitos del planeta. TEXTO PRINCIPAL El viaje es complicado, de hecho todo es complicado en Egipto, y después de un interminable recorrido en autocar desde El Cairo, se llega al primer campo de noche, el autocar nos deja en el bode de una carretera en medio de ninguna parte y nos embarcan en coches todo terreno para recorrer los últimos 5 kilómetros hasta en campamento. Allí, ya sin tantas luces, lo primero que nos llama la atención es el manto de estrellas que nos acoge y el campamento distribuido alrededor de un magnifico fuego en medio. La cena esta casi lista, la ultima comida incluida por la organización hasta entrar en el maravilloso mundo de la autosuficiencia, de manera que todos nos abalanzamos al bufet e intentamos aprovechar las ultimas calorías gratis. La palabra autosuficiencia es la clave de una carrera de este tipo, y básicamente consiste en que cualquier cosa que queramos comer a lo largo de la semana, debemos llevarla encima, ya que la organización, solo nos suministrará agua, de manera que cada uno realiza una mas o menos estricta selección de productos a cargar y el peso de las mochilas el primer día, va desde los 6,5 kilos a los 15. El amanecer nos desvela el campamento en toda su grandeza y lo cierto es que el desierto blanco, con las moles calcáreas es impresionante, y la localización de este campamento, y todos los demás esta hecha a posta para aumentar esa sensación. Después del primer desayuno se da la ansiada salida y cada uno con su peso mas o menos estudiado en la espalda iniciamos a intentar coger nuestro paso. El desierto es duro, y no perdona los errores de manera que la experiencia viene de maravilla para coger el ritmo lo antes posible y enseguida empezamos a adelantar a los que salieron demasiado rápido. Los controles, pequeños oasis de civilización que se distribuyen a lo largo de cada etapa están mas o menos a unos 10 kilómetros uno del otro, aunque según las etapas esta distancia puede variar bastante. El animo de los voluntarios y comisarios de carrera es contagioso y llegar a un control es siempre una especie de mini-fiesta, no siempre se trata así al corredor, y la verdad es que se agradece. Los kilómetros van pasando y el serpenteante recorrido a través de las moles calizas nos va mostrando los fantásticos rincones de El Guedida (el desierto blanco) hasta que el segundo campo aparece ante nosotros. Con la tranquilidad de la primera etapa ya terminada sin daños ni averías, nos dejamos llevar por la rutina vespertina de una campamento de carrera, una comida medianamente decente, Jamón serrano y queso parmesano, después de tantos geles sientan de maravilla, y además son la única licencia que me permito que no sea liofilizado, con lo que el estomago lo asimila encantado. La ayuda a los corredores que van llegando, las charlas alrededor del fuego de campamento, la lectura de los mails, y sobre todo mucho descanso, son actividades que se convierten el hábitos inmediatamente asimilados, asi como la vida con la luz solar, algo que en nuestra moderna sociedad se ha perdido por completo, de manera que en cuanto anochece, cada mochuelo a su olivo, que decía mi abuela, y todos a dormir. Las mañanas son también rutinarias, en cuanto a la actividad, y con la salida de la etapa a las 8:00, se realiza el briefing de la misma media hora antes. La organización entrega al inicio de la carrera unas hojas con explicación detallada del recorrido, pero siempre hay algún comentario interesante que merece la pena escuchar. La segunda etapa es mas complicada de navegación, el trazado serpenteante por las moles blancas del desierto se hace mas sinuoso aún y es necesario estar atento a las banderas fluorescentes para no perderse. No hay tantos corredores como para poder seguir siempre a alguien, y además, nadie nos asegura que el corredor que llevamos delante va por el buen camino, asi que, cada uno debe tomar sus propias decisiones. El calor aprieta, y se alcanzan los 43 grados a mediodía, con lo que el manantial al lado del segundo control se agradece, aunque no sea otra cosa que un agujero en el suelo con agua para que beban los camellos. Una larga recta y un cambio de valle hacen que esta ultima parte sean mas duras que ayer, que soplaba una ligera brisa, pero finalmente, el campo 3 aparece delante nuestro y los últimos kilómetros se recorren rápidamente. En la cuarta etapa, empezamos a salir del característico desierto blanco y el panorama empieza a ser algo mas reconocible como desierto, para los que ya hemos visitado alguno, rocas, algún arbusto medio seco, y un espacio interminable delante nuestro. En cualquier caso esta zona no esta exenta de sorpresas y en el CP2 se nos abre un panorama inusual delante nuestro, una enorme extensión de arena, virgen, sin huellas apenas, excepto los pocos corredores que van delante y que parece no tener fin. La única referencia es la lejana silueta del corredor que nos precede y que nos indica el camino y las siempre presentes banderas, las cuales nos conducen al cabo de un buen rato por este espacio adimensional a un cordón de dunas que se distingue en la lejanía. Llegamos por fin a la base de las dunas, y siguiendo la norma no escrita de Racing the Planet de “el mejor camino entre dos puntos es el mas difícil”, nos hacen subir y recorrer todas las crestas hasta casi el campo 4. El esfuerzo merece la pena, porque la vista desde arriba es espectacular. El campamento, al lado de una magnifica duna orientada a poniente es un oasis de paz y descanso y todos lo aprovechamos al máximo para recuperarnos a la etapa de mañana, La quinta etapa es, a pesar de ser también de 40 kilómetros, es una etapa prologo, porque al día siguiente se corre la famosa larga de 100, así que todos lo tomamos con muchísima calma, hasta el conocido Dean Karnaces que corre durante un buen montón de kilómetros con el pelotón para ahorrar fuerzas. Un oasis fantástico en medio de la etapa es el único entretenimiento y aunque se hace larga, por el cansancio acumulado, llegamos todos al campamento. La gente acusa los kilómetros ya recorridos y los nervios por la dura etapa del día siguiente hace que este campo no sea tan jovial y tranquilo como los otros, e incluso la hora de irse a la cama se adelanta ligeramente. La salida de la penúltima etapa se hace en dos grupos, con los corredores mas rápidos saliendo a las 10: 00 mientras el resto empieza a las 8:00, de manera que se consigue compactar el grupo considerablemente y de paso dar mas espectacularidad a la prueba. La primera parte incluye la subida a la meseta en cuya base estábamos acampados y después intentar asimilar el lento paso de los controles. 100 kilómetros con 9 avituallamientos tardan en recorrerse y el desde luego la llegada la haremos bien entrada la noche. El camino es sinuoso entre suaves colinas, y el terreno cambia muy poco, por lo que una prueba de este estilo es muy mental y se necesita estar muy concentrado en la velocidad de marcha para ser constantes. La llegada de la noche facilita el camino a unos y lo dificulta a otros, según el cansancio y las preferencias, y muchos corredores deciden pararse a dormir en el camino, dado que hay dos días de limite para terminar la etapa larga. Otros sin embargo prefieren llegar de un tirón, aunque eso implique no dormir durante una buena parte de la noche. El campamento de llegada por tanto es un centro de refugiados abierto 24 horas, una especie de “seven eleven” del desierto y el objetivo de unos 160 corredores que aún siguen en carrera, y que poco a poco van entrando en meta y cumpliendo los 245 kilómetros recorridos. La etapa final es una especie de fiesta y se desarrolla por completo en El Cairo, de manera que implica un traslado de un montón de horas en autocar, de vuelta a donde empezamos y tas unas cuantas vueltas por los alrededores de la ciudad salimos rápidamente a la explanada de las pirámides. Correr en medio de las tres pirámides de Giza es una experiencia maravillosa y le da un toque de misterio y misticismo a la carrera, aunque los grupos de turistas le quiten el glamour. La llegada es triunfal, con banda de música local, camelleros y banderas que nos esperan en un pequeño promontorio que domina las tres pirámides y sirve de broche de oro a una magnifica carrera. Un trozo de pizza y una cerveza, ninguna de las dos liofilizadas, nos dan la bienvenida al mundo moderno, y aunque quizás nos saquen de un sueño de autosuficiencia son sumamente bienvenidos. Para mas información de la carrera: www.racingtheplanet.com www.ultrarun.es

***Publicado en: Trail