Entre historia y resistencia: mi experiencia como Course Director en RacingThePlanet Grecia

21 octubre 2025 0 Por Carlos Ultrarun

Ser Course Director en una carrera de ultradistancia nunca es una tarea sencilla. Implica planificación, logística, coordinación y una enorme responsabilidad sobre cada kilómetro recorrido. Pero también implica pasión, conexión con el entorno y, sobre todo, con las personas. En la última edición de RacingThePlanet: Grecia, tuve la oportunidad de desempeñar este rol en un escenario único: el sur del Peloponeso, atravesando la mítica región de Maní y alcanzando Ermioni, en una aventura de 250 km repartidos en seis intensas etapas.

Desde el primer momento, entendimos que esta carrera no sería solo una prueba física. Sería un viaje a través de la historia, del paisaje y de la cultura griega. Diseñar un recorrido que reflejara esta riqueza fue uno de los grandes objetivos. Trazar un camino que desafiara a los corredores, pero que también les permitiera descubrir la esencia del lugar: sus pueblos de piedra, sus senderos escarpados, sus vistas al mar, sus fortalezas olvidadas y su profunda autenticidad.

La preparación comenzó muchos meses antes del evento con nada menos que dos visitas de inspección al terreno, estudio de mapas, comunicación con autoridades locales y evaluación de riesgos. Uno de los mayores desafíos fue equilibrar la dureza del recorrido con la seguridad de los participantes. Queríamos ofrecer una carrera exigente, sí, pero también bien cuidada. Que cada corredor sintiera el esfuerzo, pero no la incertidumbre.

El papel del Director de Carrera no termina al trazar el recorrido sino que hay que marcarlo para que no se pierda nadie. Durante la semana de carrera, la jornada de mi equipo empieza antes del amanecer. Hay que revisar los puntos críticos, verificar el marcaje, supervisar a los equipos en el terreno, tomar decisiones rápidas frente a imprevistos climáticos o logísticos y luego ir a marcar la siguiente etapa. Desde una señal desaparecida hasta un acceso que, de pronto, quedaba bloqueado. La montaña no perdona, pero siempre enseña.

Una de las partes más complejas y, a la vez, más satisfactorias fue la coordinación con el equipo internacional y los voluntarios locales. Sin todos ellos, ninguna carrera sería posible. Su compromiso, energía y capacidad de adaptación fueron claves para que todo funcionara. También lo fue el contacto con los habitantes de la región, que no solo nos permitieron pasar por sus tierras, sino que nos ofrecieron su hospitalidad con una generosidad que emociona.

Y, por supuesto, los corredores. Venidos de más de 30 países, con historias personales, motivaciones diversas y un objetivo común: llegar a la meta. Ser testigo de su esfuerzo diario, de sus batallas internas, de su compañerismo en los campamentos y en carrera… eso es lo que da sentido a todo el trabajo previo. Ver cómo cruzan la línea de meta con lágrimas en los ojos, con los pies destrozados pero el alma encendida, es algo que no se olvida.

En esta edición, el terreno no dio tregua ni tampoco el tiempo. A pesar de que la fecha elegida nos garantizaba una temperatura ideal para la celebración de la carrera de acuerdo con todas las previsiones y estadísticas, el “efecto RacingThePlanet” hizo que varias alarmas de Protección Civil nos avisaran de las correspondientes tormentas que deslucieron un poco la carrera, con lluvia y temperaturas no muy altas pero hubo también playas solitarias, monasterios encaramados en la roca, aldeas detenidas en el tiempo. El Peloponeso tiene ese poder: te exige, te empuja al límite, pero también te recompensa con paisajes que cortan la respiración. Y para mí, como Director de Carrera, la recompensa estuvo en ver cómo los corredores se conectaban con ese entorno, cómo lo respetaban, cómo lo honraban con cada paso.

El último día, en la llegada a Ermioni, hubo algo especial. Tal vez fue el cansancio acumulado, o la satisfacción del deber cumplido, pero había una energía distinta. Una especie de agradecimiento compartido. Entre corredores, organizadores, voluntarios. Una sensación de que todos habíamos vivido algo más grande que nosotros mismos.

Dirigir el recorrido de una carrera como esta de RacingThePlanet no es solo diseñar un camino en el mapa. Es construir una experiencia. Es hacer que cada corredor viva su propia aventura, con seguridad, con emoción, con intensidad. Y es también un aprendizaje constante. Cada edición, cada terreno, cada grupo humano te enseña algo nuevo y el mio en Grecia ha sido un ejemplo de compañerismo, profesionalidad y solidaridad, empezando por Loukas Pratilas, el tio que mas sabe de Trail Running de Grecia y siguiendo por John o Jonas para terminar con la última añadida, Rebecca.

Volveré de Grecia con las piernas cansadas, sí, pero con la mente llena de imágenes y emociones. Y con una certeza: esto va mucho más allá de una carrera. Es una forma de vida. Una manera de entender el esfuerzo, la naturaleza y la conexión humana. Y como Trazador me siento profundamente agradecido de poder ser parte de ello.